Gustavo Bermúdez le confesó a la periodista Araceli:
"Mi mujer no
es celosa,
pero muestra
las uñas"
La mudita hizo hablar a Nano y cómo!. El le contó que de
chico era un gordito mofletudo, que adelgazó jugando al basquet,
que le decían heladera porque no se calentaba nunca y muchos secretos
más.
Araceli como periodista jamas se queda sin palabras Tan curiosa
como dulce acepto rápidamente el desafio y nos sorprendió
con su atrevimiento: logró lo que ninguna cronista había
conseguido antes, meterse en el camarín de Gustavo Bermúdez
para someterlo a un reportaje a fondo.
Gustavo, ¿par qué las mujeres nos ratoneamos tanto
con vos?
- Epa, que incisiva que sos como periodista, mira con qué pregunta
arrancas así en frío.
-Viste, me las rebuscaría bien como entrevistadora... Pero
no me saques de tema.
- Bueno, veo que no tengo escapatoria. No es una pregunta fácil
de responder porque tiene varias respuestas y, en realidad, ninguna me
convence del todo. Me parece que el hecho de estar en pantalla es determinante.
No es una crítica hacia las mujeres, pero yo creo que a bellezas
iguales siempre las seduce más el que esta en pantalla. Después
podría decirte que pesan en la balanza cierta dósis de misterio
que, sin proponérmelo, genero. Y que doy la imagen de un tipo que
les da seguridad; eso a las chicas le gusta bastante.
- No te hagas el modesto, también sos muy buen mazo.
- Y vos muy linda, pero muy difícil como entrevistadora... ¿Qué
querés que te diga? Soy alto, flaco, trato de vestirme bien pero
no me considero una belleza... En tren de definirme te oiría humildemente
que soy armonioso.
- Te noto un poco incomodo con mis primeras preguntas, mejor cambiamos
par un ratito de tema, ¿cuándo comenzaste a sentirte actor?
- Mirá, según me cuenta mi hermano Gabriel, yo ya en
el jardín de infantes mostraba condiciones para la actuación
Nunca le procesé intelectualmente. En casa me decían: "llorá",
y yo fingía con gran facilidad. En las fiestas de Año Nuevo,
cuando nos juntábamos con mis primos y mis tíos, yo hacía
monerías delante de todos sin sonrojarme y cuando me aplaudían,
sentía mas felicidad que si me regalaran un juguete.
- ¿Ya eras galán en el jardín de infantes?
¿No será mucho?
- Noooo, ¡qué iba a ser galán! De chico era gordito
y mofletudo.
- ¿Tus campañeritas no te daban bolilla? ¿No
es cierto?
- La verdad, no me acuerdo Lo único que me importaba era jugar
al fútbol en la calle y aprenderme de memoria los versitos que me
hacían recitar en les actos de las fiestas patrias.
-¿Y cuándo dejaste de ser gardito?
- Antes de entrar al Comercial San Martín, allá en Rosario,
pequé un estirón y adelgacé sin proponérmelo.
Me la pasaba todo el día jugando al basquet, integré los
equipos de Provincial y Newell's Old Boys. Creo que la gimnasia fue determinante
para mi cambio físico.
-¿Tenias sobrenombre?
- Sí, dos: mi amigo Camilo Kassabchi me puso Heladera porque
no me calentaba nunca en los campeonatos. Otros me decían Chipy,
como el simpático dragoncito de la tele, porque jugaba en cámara
lenta.
- En esa época ya tendrías una noviecita..
- No, no me ponía de novio. Le pedía la GTX blanca al
viejo y me la tiraba de langa. La verdad, me iba bastante bien. Siempre
tenía algún rebusque. Fue una etapa inolvidable.
-Si te iba tan bien en Rosario, ¿por qué te viniste a probar suerte
a Buenos Aires?
-Porque quería ser actor, de alma, ya no me importaba
otra cosa. El viejo apoyó mi decisión y me compró un departamentito en French y Araoz. Mi primo. Rubén
Bermúdez, que era modelo, me dio el empujón definitivo.
-¿Fueron tiempos duros?
-Durísimos. Pero me bancaba lo que viniera porque va nada me
podía hacer cambiar de idea. Me metí de vendedor en una mobiliaria,
me hice fotos y empecé a recorrer por los canales.
-¿Conseguiste trabajo enseguida o te rebotaban siempre?
- No. Primero, aunque no lo creas, fui colega tuyo en tu antigua profesión;
trabajé como modelo, hasta que un día Guillermo Bredeston
me llamó para una comedia y no paré más. Al poco tiempo
entré en Pelito y me hice amigo de un tipo al que, me parece, vos
conocés muy bien: Adrián Suar.
-Adrián me cantó que sos muy buen cocinero...
-Un día te invito a comer a casa y dejo que me juzgues. Me encanta
cocinar. En el departamento de soltero tenía que barrer, lavar la
ropa y también cocinar. Ahí me perfeccioné, me transformé
en un buen candidato para cualquier mujer. Mi especialidad es un plato
de mi creación: la bondiola a la ciruela.
- Me imagino todas las mujeres que visitarían ese departamento...
- No te creas, la etapa de picaflor me duró poco. En una grabación
conocí a Andrea (González, su mujer), quien era sobrina de
un camarógrafo, y me enamoré. Tenía 19 años
y por primera vez le regalé flores a una mujer. Me dio el teléfono
pero no quería saber nada con mis invitaciones. No sabés
cómo lloraba sobre el hombro de Adrián. Creo que este juego
fue decisivo para la relación. Desde entonces no nos separarnos
mas ni un minuto.
-¿No es contraproducente para tu imagen de galán que
las chicas te sepan tan casado?
- Para nada. Separo absolutamente mi vida privada de la profesional.
Jamás mezcle los tantos y la gente lo aceptó así.
Compran al Bermúdez personaje, al hombre en la ficción, pero
es como un juego implícito; todo termina cuando se apaga el televisor.
- Tu hija Camila es preciosa, ¿no vas a buscarle un hermanito
para que no juegue solita?
- Este es un momento de gran actividad, pero cuando menos lo esperen,
van a tener novedades. Este año me parece que viene el Gustavito...
-¿Tu esposa es celosa?
-No... pero, a veces muestra las uñas. No, es una broma, ella
me conoció actor y comprende perfectamente mi profesión.
Cuando nos pusimos de novios hice casi un protagónico en Rosé
y se curó de espanto para toda la vida. Sabe que fuera de ella,
los únicos besos que doy en serio, son los que recibe Belén,
la orca de Mundo Marino.
- Hablando de eso, ¿este no es un papel atípico para
un galán de telenovelas?
- Cuando con Enrique Torres empezarnos a darle forma a este proyecto,
a trazar el primer boceto, me entusiasmé porque, por primera vez,
iba a ser un galán sin camisa y corbata. Además, como en
tu caso, este papel es una lección de vida. Aprendí que con
paciencia y amor podemos vivir en convivencia con seres tan maravillosos
como las orcas y los delfines y eso también me ayudó a relacionarme
con las personas de una manera diferente.
-¿Qué tenés en común con el personaje
de El Gato?
-Desde que miraba Batman, Starsky y Hutch y Baretta, soñaba
con hacer un superhéroe. Nos parecemos mucho porque, tanto el Gato
como a mi, nos rebela la injusticia.
Producción: Javier Maceiras
Fotos: Claudio González.
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