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"El éxito todavía no me alcanzó"
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Enrique Torres, autor de "Muñeca brava", explica la fórmula para que cada día dos millones y medio de personas vean el programa.
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Quizá porque conoce bien la materia de los amores contrariados y los odios apasionados, Enrique Torres, el autor de "Muñeca brava", puede asegurar que "hay dos cosas maravillosas" en la vida: "Hacer el amor y vengarse". Lo primero es asunto suyo. Lo segundo lo saborea en público, y a boca llena: ""Muñeca brava" es la venganza para todos los imbéciles que dijeron que la telenovela argentina se había muerto". Lo dice sin levantar el dedo acusador. Pero se le nota la sonrisa burlona de quien ha llevado a buen puerto un objetivo masticado durante largo tiempo. Su última creación, la telenovela que cada mediodía protagoniza Natalia Oreiro, por Telefé, le deja un promedio de 26 puntos de rating sobre su mesa. El puntaje más alto de la TV. "Y la mejor manera de que muchos detractores se metan la lengua en el bolsillo", según su modo de ver.
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De yapa, Canal 13 acaba de reprogramar "Antonella", una de las primeras historias que concibió para su cuñada, Andrea del Boca (aunque, según él, "fue la primera que escribió Enrique Torres y no "el cuñado de""). Y la que le hizo acuñar la frase que dice: "La telenovela no necesita defensores porque no tiene enemigos inteligentes".
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Desde ese entonces, su única revancha fue la pantalla. Por allí pasaron "Celeste", "Antonella", "Celeste, siempre Celeste", "Mía, sólo mía", "Casi todo, casi nada", "Nano", "Perla negra" y "Cebollitas", todas con su firma de autor. Y de allí se fueron de viaje hacia el exterior, desde Italia hasta China, donde también son un éxito.
. Los caminos hacia la telenovela .
Aunque se enorgullece de no repetir la misma receta en todas las telenovelas, Torres no es de los que tienen una complicada fórmula del éxito. El está convencido que los dos millones y medio de televidentes que los siguen diariamente no son más que su espejo. Ahí está el secreto, según el autor. "Le escapo a las teorizaciones. Yo descubrí que soy del promedio. Me gusta el fútbol y la milanesa con fritas. Así descubrí que cuando yo me emociono, hay un montón de gente que se emociona, y cuando me divierto hay muchos que se divierten".
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Pese a tantos logros, ésta es la primera vez que Torres pudo darse el gusto de invertir sus ganancias en un estudio para sentarse a escribir, en absoluta soledad, las doce horas diarias que le lleva cada capítulo.
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Pero no siempre fue así. Antes, este hombre de Villa Pueyrredón jugó en la primera de Chacarita hasta que una lesión lo dejó fuera de estado; fue periodista, trajinó las redacciones más inverosímiles; se fue a España en 1976, editó la primera revista del destape y se trajo como recuerdo una colección de 61 juicios por atentado a la moral y escándalos públicos.
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Ya en el país, hubo un viaje a Puerto Rico que le cambió la vida: fue a entrevistar a Andrea del Boca, y volvió convencido de que debía casarse con su hermana Anabella. "Yo fui un machista recalcitrante. Para mí, el lugar de la mujer era la cocina. Hasta que me topé con una mina independiente que me dejó mi capa de Superman para el carnaval. Ahí me enteré de que convivir era vivir con, y descubrí también que podía decir te amo porque las mujeres dicen te amo; los hombres dicen yo también".
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En el paso del periodismo a las telenovelas hubo, además, una pizza de por medio. "Todo empezó una noche de 1985. Estábamos comiendo una pizza con Andrea, y ella me dijo: «¿Por qué no hacés una historia?». El pedido de la actriz cayó en saco roto. Al menos hasta que Anabella lo convenció de que el periodismo tenía un techo que la ficción podía superar.
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Varias noches después, mientras se desvelaba con "Los profesionales", decidió abandonar la cama para escribir. A las cinco de la mañana despertó a su mujer y le pidió un nombre que sonara italiano: "Antonella", le propuso ella. Y quedó. Pero tuvo que esperar seis años antes de probar suerte. "En los canales me sacaban corriendo. Y hubo un gerente de programación que me dijo: "Vos no sabés escribir para TV. En tu guión pasan muchas cosas. Vos tenés que escribir una telenovela que le permita a la gente irse quince días a Mar del Plata sin que pase nada para que pueda entenderla a la vuelta". Yo no entendía cómo hacían programas para gente que no los ve".
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Ahora, él asegura que todo aquel pasado jugó en su favor. De hecho, está convencido de que buena parte de su éxito se debe a aquella etapa en las redacciones. "Creo que aquella crítica que me hicieron es culpa del periodismo, donde siempre pasan muchas cosas. Y algo más: si a mí se me ocurre un final, no lo guardo para el viernes, para dejar enganchada a la señora. Lo pongo ese mismo día. La noticia de hoy no se puede guardar."
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-¿Y se sirve del periodismo para hacer sus historias?
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-Soy un gran acumulador de conocimientos inútiles. Todo sirve. Pero con la realidad no se puede competir...Nunca vi en una telenovela a un villano que dijera que en este país no se hace plata trabajando. En las telenovelas, la justicia divina o la de los hombres, se encarga de ellos. En la realidad, muchas veces nosotros le pagamos a los villanos...
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-En el periodismo su techo fue la dirección de una revista. En la TV, ¿cuál es el techo?
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-Si sintiera que estoy llegando a un techo, ya estaría buscando una salida. En el periodismo me entusiasmaba con los proyectos, pero a los seis meses me aburría. Con las historias, en cambio, siempre me propongo un desafío diferente. No creo haber alcanzado el éxito todavía. Quizás porque yo corro más rápido.
. La biblioteca de los recuerdos .
Los desafíos de la maratón de Torres son de los más variados. Pero le permiten acumular trofeos en la biblioteca de sus recuerdos. A saber: en "Celeste" se dio el gusto de hablar del amor en los tiempos del SIDA; ""Antonella" fue la primera heroína activa; en "Perla Negra" tenía que hacerla llegar virgen hasta el final; en "Nano" además de hacer una historia con una muda, le dediqué dos días a hablar del clítoris, y ahora, en "Muñeca brava", mi desafío es incorporar el humor cotidiano a una telenovela tradicional", enumera orgulloso.
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También guarda lo suyo en la estantería internacional. "En Rusia, la primera que se emitió fue "Celeste". Y no se dobló ni se subtituló. Se emitió con la voz del relator, como se hace en los Oscar. Pese a eso fue un éxito. A tal punto que se reventaron las cañerías. Ahí tienen todo calculado para un determinado consumo de agua por hora, pero cuando se emitía la telenovela la gente estaba frente a la tele y como no consumía agua las cañerías se congelaron y reventaron". Allí también cuenta la vez que una princesa árabe se enamoró de Gustavo Bermúdez, con "Antonella", y llamó para comprar al actor. Quizá por todos esos "goles", a Torres no lo desvelan los 26 puntos de "Muñeca brava". Sabe que no es lo mismo sentarse frente a la computadora con el respaldo del rating, que hamacarse en los escasos dos puntos. Sabe también que esta puede ser su revancha después de que los especialistas declaran a la telenovela en estado terminal. Pero no se duerme en los laureles. Y a diferencia de lo que le ocurría en el periodismo, todavía quiere más. "El éxito todavía no me alcanzó", dice. El sabrá. Mientras tanto, sigue encerrado en su búnker, escribiendo para los dos millones y medio de televidentes que lo siguen. Y que todavía no lo alcanzan.
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Verónica Bonacchi
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| http://www.lanacion.com.ar/99/02/11/s01.htm |
| LA NACION | 11.02.1999 | Página | Espectáculos |
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