Super Tv Guía, 27 de junio al 4 de julio de 1999.
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Facundo Arana (27 años, soltero, argentino) gusta definirse como "un tipo divertido, humano y no tan perfecto". A juzgar por el rating de Muñeca brava, aproximadamente dos millones y medio de personas saben quién es Facundo Arana. Aunque quizá no todas sus seguidoras conozcan su historia.
-¿Cómo llegaste a la televisión?
-Por una circunstancia no del todo feliz, tocaba el saxo en una estación de subte y, llámese casualidad o destino, todos los días pasaba por ahí un guionista de televisión. Sin saber que yo quería ser actor, el tipo escribió un personaje pensando en mí. Betiana Blum, que era mi profesora de teatro, me avisó un día de un casting en Canal 13. Cuando entré al estudio para hacer la prueba, ahí estaba el tipo que pasaba todos los días por la estación Pueyrredón.
Esa "circunstancia no de todo feliz" tiene que ver con una enfermedad de la que Facundo ya no quiere hablar. Al terminar su adolescencia, le diagnosticaron un mal que parecía incurable. Pero después de un largo y penoso año de tratamiento, logró salir adelante simplemente para vivir la vida.
-¿Tuviste que remar mucho para llegar a un protagónico?
-Creo que cumplí con todos los pasos previos. Empecé desde abajo. Hice bolos y pasé por muchísimos programas.
-¿Cómo se viven desde lo personal los veintitantos puntos de ratlng?
-Con un orgullo enorme. Es bárbaro saber que estás haciendo algo que suma puntos en tu currículum y que al canal le rinde.
-¿No te molesta ganar menos que Natalia Oreiro?
-No. Es lo justo.
-¿Sos un galán en la vida real?
-Si se trata de darle paso a una mujer, de abrirle la puerta del auto o de correrle la silla para que se siente, la respuesta es sí. Es una cuestión de educación y respeto. Mis viejos me criaron de esa manera.
-¿Por qué Ivo tortura tanto a Milagros?
-Porque es un histérico. Está completamente enamorado de ella, y como se mueve en un entorno sucio e interesado, se le hace increíble pensar que pueda existir una mujer tan linda, noble y honesta como ella.
-¿Alguna vez hiciste sufrir a alguien así?
-No. Al menos que yo sepa.
-El de galán, ¿es el papel que mejor te cuadra?
-Es mi trabajo, y trato de hacerlo lo mejor posible. El tema es que hoy me toca el rótulo de galán, pero no me gustaría pensar que fui, soy y moriré siendo sólo eso.
-Estás de novio con Isabel Macedo pero, ¿qué tal te iba con el sexo opuesto en tus épocas de soltería?
-Bastante bien, pero tampoco era el señor Exito. Algunas veces gané y otras perdí. Igual, no tenía una onda latín lover. Era más bien bohemio y melancólico. Siempre lloré por las mujeres. Era el que se lamentaba de los amores perdidos.
-Hasta que un día llegó la televisión y lo cambió todo...
-No, nada que ver. Jamás usé ni usaría mi laburo para acercarme a una mujer.
-¿Recordás cómo y con quién fue tu primer beso?
-Cómo olvidarlo: fue a los 12, con una compañerita de colegio. Estábamos de novios y los dos teníamos ganas, pero no nos animábamos. Ella se llamaba... No, mejor no digo el nombre porque hoy está casada y tiene dos hijos.
-Sigamos con el relato, por favor.
-Ah, si. Te decía que no nos animábamos. Pero un día, la saqué a bailar en un asalto, cerré los ojos y le di un regio piquito. Fue mágico.
-¿Qué fue lo más romántico que hiciste por una chica?
-La última que recuerdo fue tirarme con paracaidas para un programa de televisión y gritar el nombre de ella en cámara.
-¿Alguna vez te agarraste a piñas con alguien?
-Muchas veces. Una vuelta me agarré a trompadas en la plaza de San Isidro por una mujer. ¿Sabés cómo terminó la historia? El chico y yo nos hicimos muy amigos y a la chica no la volvimos a ver nunca más.
-Cierta vez dijiste que dejarías la casa de tus viejos el día que te casaras, ¿la idea sigue en pie?
-Sí, pero con algunas variantes. Me compré una casa en Palermo y ahora estoy viviendo solo. Lo que pasa es que para casarse, uno tiene primero que aprender a ser independiente. Si no, pasa de la mamá a la mujer. Ahora sé lavar la ropa y los platos, cocinar; limpiar..
-En resumen: un hombre perfecto.
-Estoy muy lejos de serlo. Pero creo que hay que aprender a valorar las tareas de la casa y entender que no todas las responsabilidades del hogar le corresponden a la mujer.
-¿Ya estás pensando en el matrimonio?
-Tal vez.
Silvina Rossotti.
Fotos: Virginia Rodríguez