El impacto a veces comienza por lo formal, por el ropaje que envuelve y caracteriza a cada personaje. Por las telas, texturas y postizos que diferencian un carácter débil y angelical de uno más bien extravertido e impulsivo. Elementos secundarios que pueden llegar a definir el éxito de un envío televisivo tanto como la fuerza de una trama o la elección de los intérpretes.
Este es el caso de "Más allá del horizonte", la megaproducción de Omar Romay que encabeza las mediciones de audiencia en base a un compendio de pasiones de época y un vestuario cinematográfico, que costó más de un millón de dólares. A la manera de "Lo que el viento se llevó", los vestidos, trajes y peinados de la telenovela que emite diariamente Canal 9 fueron concebidos para el total lucimiento de sus protagonistas, pero también como obras de arte en sí mismas, al punto que despiertan la admiración y la controversia entre el público al mismo nivel que las alternativas de la relación entre María y Asunción Olazáhal, Catriel y Gonzalo Lynch. Y no es para menos: desde el inicio de la novela hasta hoy, vestuaristas, maquilladores y peinadores han volcado tanta pasión en los cuerpos, rostros y cabelleras de los actores como fuego literario ha encendido el autor Guillermo Glanc con sus diálogos de alcoba.
Sólo para Grecia Colmenares (31) el diseñador de vestuario Guillermo Blanco concibió 113 trajes, la mayoría en color rosa y pasteles. Respetando la delicadeza su trato y la buena condición económica que signa a María - el personaje que encarna Colmenares en la primera parte de la tira -, se utilizaron telas finas y suaves: seda, tafeta de seda, encajes, terciopelo y lazo. Recién cuando la actriz se convierte en Milagros la domadora de elefantes de circo, de la segunda parte -, se le suma el vestuario un touch sensual y sugerente a través de tocados, bordados con piedras y conjuntos de gasa. El cambio de situación y época impone el descarte del miriñaque del principio en favor del corset que, bien ceñido a la cintura, revaloriza el busto de la Colmenares.
Luisa Kuliok (39), en un papel más pequeño que Colmenares, demandó la confección de 65 trajes. Pero la procedencia europea de su personaje hizo la tarea de modistas y diseñador tan o más difícil que en el caso anterior. Debieron vérselas con telas costosas, como brocatos, sedas venecianas y puntillas con labrados, de complicada artesanía. Al casarse Asunción Olazábal con el indio Yanke, el refinamiento obsesivo cede paso a las pieles y bijou mapuche, un rasgo de osadía que la actriz aceptó de buena gana. A lo que se resistió, en cambio, fue a que, pasados los capítulos y los años, las arrugas empezaran a surcar sus mejillas. "En las telenovelas nadie envejece, si fuera cine no tendría ningún problema en dejármelas pintar", habría sostenido la diva, según una asistente de producción. En las últimas secuencias también se habría negado a que le agregaran un rodete, motivo por el cual el estilista Rolen tuvo que producir, con un peinado liviano y unas pocas canas "a una Luisa Kuliok de 60 años", tal la edad con la que culmina su participación especial en "Más allá del horizonte".
Osvaldo Laport (37), haciendo gala de su conocida buena predisposición, resultó ser el más accesible de los protagonistas a la hora de enfundarse en equipos de época, cuando encarnó al sargento Enrique Muñiz, o dejarse untar el cuerpo con aceite y alcanfor y agregar 120 extensiones de 50 centímetros cada una en su cabellera, cuando devenía en el indio -Catriel. El problema se suscitaba cuando en alguna escena debía abrazar fervientemente a sus compañeras de rubro: invariablemente terminaban manchadas de óleo.
De acuerdo a distintas fuentes, "el más complicado de todos para todo" habría sido Gerardo Romano (47). "No quería peinarse ni usar sombreros o galeras", Sostuvo otro asistente de producción. Tampoco era partidario de usar sacos, razón por la cual se convino que sólo utilizara trajes. los modelos realizados en gabardina o casimir fueron combinados con camisas de algodón de mangas anchas y chalecos oscuros.