Diego Ramos, el galán
de Ricos y Famosos.
Parece un chico tímido, formal, serio. Casi demasiado controladopara sus 24 años. Y, a medida que se lo conoce, es inevitable confirmar
la primera impresion. Con Diego César Ramos el refrán que
asegura "las apariencias engañan" no se cumple. Sentado a una mesa
del bar ubicado enfrente de los estudios Dorrego, donde se graba Ricos
y Famosos, el protagonista de la tira pide una ensalada completa, sólo
eso -ni siquiera la acompaña con agua-. Impecablemente vestido y
peinado apunta: "De entrada debo parecer un tipo antipático aunque
en realidad soy tímido y demasiado ubicado en algunas situaciones.
No soy de esas personas que apenas conocés ya son íntimas
tuyas." Consciente de que su look se diferencia del que adoptan otros galanes
aclara que "en realidad no es una postura, actúo como siento. Por
eso siempre me dan papeles de chicos serios y tímidos. Si fuera
por mí, haría todo lo contrario. Es más, me encantaria
interpretar a un hombre muy malo". Luego comenta que el teatro -hace seis
años que estudia con Roxana
Randón y Luisina Brando- no logró cambiarlo demasiado. "Hubiera
cambiado si hubiera ido a terapia. No estoy de acuerdo con que la
actuación puede solucionarte un problema, o ayudarte a superar tus
inhibiciones." Lo que no le interesa modificar es su imagen fisica. Si
bien reconoce que su aspecto pudo haber aumentado sus chances de obtener
contratos, no se preocupa por aumentar el tamaño de sus músculos,
al estilo Osvaldo Laport. Entre risas comenta que justo hoy empecé
a ir al gimnasio y estoy pensando en dejarlo para mañana. Me aburre
mucho. Si decidí ir no fue para transformarme en Charles Atlas,
más bien para estar más sano y filmar menos. Si vos me querés,
quereme por lo que soy o por el talento que tengo. Espero que, en algún
momento de mi vida, me consideren un buen actor". Evidentemente, uno de
los que confió en su capacidad file Alejandro Romay al convocarlo
para protagonizar una de las producciones más importantes de Canal
9. "Supongo que habrá tomado un riesgo al elegirine a mí.
No sólo él, todos; incluso yo me arriesgué. Si me
iba mal, me quemaba para toda la cosecha", confiesa
con humildad. El correr de los capítulos confirmó
que la elección file acertada; la novela que se emite todos los
días a las 21 tuvo muy buena recepción del público.
Ramos encama a Diego Salerno, un jo-ven que está de novio con Valeria
Garcia Méndez (Natalia Oreiro), y que debe vivir su historia de
amor en medio del feroz enfrentamiento de las familias de ambos. Luciano
(Oscar Ferreiro), el padre de Diego, es un personaje decididamente perverso.
"Lo que engancha mucho, incluso a los hombres, es la situación del
banco y el personaje de mi papá, que es un malandra total. Un mafioso
que está robando y le sale bien. En definitiva, no es nada que
en este país no pueda pasar." Escrita como una versión libre
de Romeo y Julieta, la novela asume algunos estereotipos y elude otros
para ajustarse a los tiempos actuales. Quizás ahora, Diego empieza
a ver concretar su plan: hacerse conocido para atraer a la gente a las
salas. "En este país, no podés vivir haciendo teatro.
La televisión te hace popular o, por lo menos, te da tranquilidad
económica para que después puedas hacer lo que quieras en
el teatro". Ramos empezó a actuar en obras independientes "a la
gorra, de esas a los que no va nadie. La mayoria eran infantiles y las
mostrábamos en giras por el interior. Nos divertíamos mucho,
pero no ganábamos un peso". Su pasión por las tablas nació
cuando iba al secundario y, aunque cueste creerlo, Diego tenía un
espíritu combativo y se deleitaba haciendo enojar a los profesores.
"Era un rebelde sin causa. Les discutía todo. No me servian las
explicaciones que me daban y les contestaba mal. Por supuesto, me terminaban
echando del aula. Ahora me arrepiento de las cosas que hacia, porque me
di cuenta de que era un irrespetuoso". Diego empezó a trabajar en
la televisión, casi por casualidad. "Fui al estreno de una comedia
musical infantil, La zapatera prodigiosa, porque trabajaba un amigo mio.
A mi lado estaba sentada la que en ese momento era la productora de Montana
rusa, Patricia Weber. Cuando terminó la obra me preguntó
si me interesaba trabajar, fui al canal y ahi empecé una serie de
castings." Aunque asegura que ama el teatro, una vez que consiguió
un papel en Montaña... (el del novio, también tímido,
de Karen (Celeste Pisapia) se metió de lleno en la tele. Trabajó
en Gino, Como pan caliente, El último verano y Sueltos. Hoy recuerda
su debut en la TV, como una experiencia fuerte, por la histeria que
generaba la tira de Gastón Panis y Nancy Duplán. "Nunca dejé
de hacer cosas por la fama, sólo me cuidaba de algunas.
;Por ejemplo, ni se me ocurria pasar por la puerta de un colegio
de chicas cuando estaban saliendo". Después se sincera y confiesa
que no le molestaba demasiado cruzarse con las fanáticas: "El actor
que dice que no le gusta ser reconocido, miente". Cuando se lo empezó
a vincular con Nancy (durante uno de sus distanciamientos de Pauls) sintió
pagar el precio de la fama. "Siempre salimos en grupo. Para las notas cortaban
las fotos para que pareciera que estábamos solos y nada que ver.
Lo que no me gustaba era que aparecíamos nosotros y, en la misma
página, Gastón solo. La imagen que quedaba era la del cornudo,
la atorranta y el mal amigo'. A Nancy la quiero como a una hermana". Actualmente,
Diego no tiene novia y confiesa que prefiere esperar. "Pienso mucho las
cosas. No soy impulsivo", afirma. La unica relación de largo tiempo
que recuerda es la que tuvo hasta los 22 años. "Me gustan las
mujeres tranquilas. Y, en cuanto al fisico, las miro en forma global y
me detengo en la cara". En cuanto a sus "estrategias", asegura no tener
un verso particular: "Improviso, cuando veo a alguien que me gusta no estoy
pensando: la tengo que seducir, la tengo que seducir...
Eso sí, soy un romántico total". De padre médico
y madre ama de casa, Ramos confiesa que se smtió "presionado" a
hacer un año de la carrera de publicidad "para conformar ciertos
pruritos sociales". Sus tres hermanos (una mujer y dos
varones), todos universitarios, lo alentaron para que "estudiara algo",
ya que el teatro no les parecía lo suficientemente confiable. Tampoco
el canto ni la técnica vocal y mucho menos el tap, las otras actividades
a las que dedica su tiempo. "Aprendo canto porque me gustaría hacer
una comedia musical, no para sacar mi compact", aclara y vuelve a reírse.
Cuando terminó el año de publicidad, siguió lo inevitable:
buscar trabajo para costearse las clases de actuación. El primer
empleo lo mantuvo ocupado sólo un mes. "Tenía que vender
tiempo compartido, pero no aguanté y renuncié. No conocía
a nadie que quisiera comprar una semana". Después, tue animador
de fiestas infantiles -"en realidad no animaba nada, sólo cuidaba
que no hicieran lío"- y más tarde trabajó en la Dirección
Nacional de Registro del Automotor hasta que llegó el gran debut
en la TV. Hace ocho meses, Diego decidió irse a vivir solo. "Soy
más bien independiente. Me compré un deparmento en San Telmo
porque me la doy de bohemio. Queria un lugar con techos altos y pisos de
madera." Allí comparte sus días con Vieytes, su inseparable
perro, y asegura ser organizado: "Lavo, cocino y ordeno yo, nadie me ayuda.
Me encanta limpiar toda mi casa, hasta el baño", acota orgulloso
de su eficiencia. El deber no se hace esperar y lo llaman para grabar.
Antes de meterse en la mansión que representa su hogar en la tira,
nos dice: "Espero haberte contado algo interesante. Esta es mi vida, soy
feliz, no tengo mayores problemas y tampoco me los hago".
María Silvana Méndez
Fotos: Pablo González.
| NATALIA Y YO |
| "No para de hablar", dice Diego de Natalia Oreiro, su compañera. "Es inteligente y súper consdente de que tiene 19 años y que trabaja de adriz. Es muy centrada, eso es lo bueno, ubicarte en la palmera. La cámara no te da derecho a nada y ella lo sabe". Aunque no la conocia de antes, la respeta desde el primer dia del casting. Encuentro que también compartió con el novio de la Oreiro, Pablo Ediarri. Apenas llegué a los estudios, se me acercó y me explicó cómo eran las cosas". Lejos de mostrarse celoso", Pablo sólo se limitó a contarle lo que podria llegar a encontrar en el canal. "Me contó las cosas buenas y las malas. Nada más. Después, vimos juntos el primer programa, en su casa". |