Revista Viva de Clarin, 1994.
ATREVERSEVolverEsta sentada frente a la ventana, en su departamento de Ciudadela, que no es un lujo. La luz del crepúsculo le da a su rostro simple un rictus entre dulce y triste. Juega con su pelo, se lo anuda se lo echa hacia atrás, se lo enrosca en una secuencia interminable que, cada vez, la hace parecer otra, distinta. El cronista piensa que esta mujer rotunda pero siempre alerta, como un gato, no tiene nada que ver con esa muchacha sorda a la que Araceli encarna en Nano", la telenovela que Araceli protagoniza junto a Gustavo Bermúdez. Camila, la chica muda de la tira, parece un ani-malito asustado que habla con los ojos en una selva en la que las fieras son, en la ficción, claro, las mujeres que le disputan al hombre de sus sueños. Basta contarle esto para que arranque con un monólogo teñido por una indignación que se parece a la ira. "Muchos dijeron que el perso-naje había sido inventado para mi porque no sabía hablar. Con esa presión enfrenté el papel. Pero me pregunto: ¿dijeron lo mismo de actrices como la de "La lección de piano"? ( se refiere a Holly Hunter, que en esa pelicula inolvidable interpretaba a una muda). Prepararme para el papel de una sordamuda fue un desafío. En "La Banda" yo hacia de Araceli . Estaba en camino de ser actriz. El papel de Camila es diferente. Camila es otra chica, no soy yo. Piensa distinto, actúa distinto, tiene un montón de carencias. Camila no es Araceli. Tuve que construir el personaje. Y por eso me siento actriz". Mal no le fue, porque "Nano" ya trepó a veinte puntos de rating, lo que significa un millón seiscientos mil espectadores cada tarde. Pero ella no quiere (o elige no querer) compararse con Andrea del Boca, hasta ahora la princesa de las telenovelas, porque la reina madre es Luisa Kuliok. Araceli prefiere recordar su experiencia. Cómo aprendió el lenguaje gestual de los sordomudos con una profesora especializada (Gabriela Bianco), cómo estudió actuación con un maestro de actores (Lito Cruz). "Así, observando a los sordomudos, aprendí a trasmitir el esfuerzo desesperado que hacen por hablar. Y con Lito trabajé muchísimo la mirada. Es muy importante para el sordo. Es con lo que más se comunica. Ahora hay chicos que me paran por la calle y me hablan con el lenguaje de las señas, me dicen que me quieren".
Claro que hay otra historia antes de "Nano". Hay que acicatearla, pero finalmente Araceli se ablanda, se lanza hacia atrás para que se pueda espiar por la cerradura de su vida.
En el aluvión de recuerdos, uno es dominante. Fue hace diez años. Había empezado a charlar con su madre como siempre, en la cocina. La madre le tomó las manos y arrancó: "Araceli, llevás seis anos de novia -no te parece que más que como madre e hija tendríamos que hablar como amigas-" A la chica se le encendió una luz roja. La conversación siguió con las dos sentadas al borde de esa cama donde la mujer cincuentona dormía sola. Amigas fue la palabra mágica que venció cualquier resistencia. Araceli, sin anestesia, le confesó que hacia ya tiempo que se acostaba con su novio. Una bofetada rabiosa la dejó tirada sobre la moquette.
Hoy, Araceli, que el 21 de junio cumplió 27 años, cuenta la historia sin rencor, casi divertida, con suficiencia. Laura, que es como la asistente multiuso de Araceli pero además, su sombra, ceba mate. Laura es alta, rubia, opulenta. Tiene la edad de Araceli y sabe todo sobre ella: iban juntas a la secundaria. Se podría decir que vive su vida de prestado.
Si hubiese que definir el fenómeno Araceli, una forma podría ser esta. Su contratación como modelo de Caro Cuore coincidió con una estampida en el mercado de ropa interior. Fue la primera marca que aggiomó sus modelos y campañas publicitarias. La lencería dejó de venderse en los barrios junto con los botones y los hilos. Por primera vez, corpiños y bombachas tuvieron sus propios locales. Fue un éxito. Araceli fue la cara de esa moda. Las adolescentes empezaron a usar esos modelos de ropa interior para ir a bailar o para tomar sol. Era una moda que les daba permiso para ser sensuales, pero con cara de nenas. Nacían las lolitas. Lo increíble es que estas lolitas podían no tener tanta lola. La sensualidad no estaba puesta en las medidas, sino en ser nenas con lencería de grandes. Algo así como el sueño de un señor pecaminoso: debajo del guardapolvo, puntillas.
El cronista ahora tiene a la protagonista de semejante hecatombe y para colmo convertida en heroína de telenovela, sentada delante suyo. Es una mujer atractiva, común pero no vulgar, sin un sólo rasgo de belleza excelsa. Los ojos, pardos. La nariz y la boca, pequeñas, perfectas. El pelo, castaño. Las caderas, con la medida exacta. Las piernas, elásticas pero no colosales. Los pechos, juguetones, no exuberantes. Ella los maneja con sabiduría, los disimula o los hace asomar según la medida de su seducción. Hasta que tenía ocho anos, la infancia de Araceli en Villa Lugano fue resplandeciente. Su padre, Ernesto Omar González, supo tener carnicería y taller mecánico. La madre, Rosa Monteferrario, se ocupaba de Araceli y de Adrián, su hermano menor. No había cumplido siele años cuando tuvo su primer novio, Daniel Johnson, un rubio casi. colorado, lleno de pecas. Con él Araceli jugaba a la escondida, y descubrió la magia de los primeros besos. ¿También jugaban al doctor? Ella dudará y ('1ra "Bueno, no, no. Ese cuento de hadas se hizo pedazos en 1975, cuando ella tenía ocho y sus padres decidieron separarse. " Nunca supe porqué. No, no hubo un tercero en discordia ~ Fue una cosa de la pareja. No lo podíamos entender. Con mi hermano dormíamos abrazados y aterrados porque papá no estaba, siempre con la luz prendida. Hasta hoy duermo con la luz del baño prendida. ¿Si mamá se casó de nuevo? Bueno, desde hace unos años está con un señor. La mujer que ahora está con un señor tenía treinta y cinco cuando el marido partió. En ese matrimonio había invertido todo.
Sola con sus hijos, vendió la casa y se mudó a Haedo, donde alquiló. Un año se mantuvo con el dinero de la venta, que al fin se acabó. Con Araceli del brazo, consiguió empleo en un galpón donde la tarea era envolver a mano rollos de papel higiénico. Su hija la ayudaba. Después, consiguió, por un pariente, un puesto en una caja de jubilaciones y levantó cabeza económicamente. Volvieron a mudarse, esta vez a Ramos, y Araceli pudo realizar su secundaria en un colegio de monjas, como las dos querían.
Pasada la pubertad, Araceli era flaca, desgarbada, varonera. Un día le cuchichearon que El Palo, uno de los de la barra de los más grandes, quería salir con ella. "Yo no lo podía creer. Yo no tenía nada - se toca el Pecho- pero él gustaba de mi. Primero me regaló un helado, después una medallita. ¡Con qué poco me conformaba! Cuando cumplió 14, me regaló mi primera rosa. Dormí y amanecí con ella'. El chico, que entonces tenía 17, se llamaba Guillermo Fagiolli y trabajaba con un amigo en el vivero Cuadrini, con quinta en Pontevedra. El tío de ella, por lo alto y desgarbado, le decía Camino Sinuoso. El quería enseñarle a besar - " Yo besaba como en las películas antiguas. En esa época - dirá como si fueran tiempos remotos- se vivía más platónicamente todo. No era el sexo enseguida. A mí me temblaba la mano, me transpiraba la mano cuando él me la tomaba. Era verlo y el corazón me hacía así... Era más lindo. Más sano, ¿no?.
El sexo llegó ya sobre el final de la relación, cuando ella (que ya era modelo profesional, pero no todavía famosa) tenía casi dieciocho y él veintiuno. Araceli recuerda la primera vez como 'fantástica; lloré y todo. Para mi es un recuerdo muy grato. Era la persona que más amaba en el mundo. No lo podía creer. Caminaba por la calle y me parecía que por primera vez era dueña de mi que era otra En esa época, la vida de Araceli era serena iban a bailar a Crash, en la avenida Gaona, o a For Export. La tormenta venía por otro frente. Cuando la crisis económica había abatido a su madre una amiga le había sugerido a la mujer que llevara a su hija a agencia de publicidad. En el rubro fue escalando posiciones lentamente hasta que se hizo un lugar en el book de Ricardo Piñeyro. Allí la descubrió el archienemigo de Piñeyro, Pancho Dotto (Araceli desmiente su fama de comelolitas) que se la llevo para su redil Así llegó el primer corto importante para Sprite. Araceli estaba en el primer escalón de la escalera a la fama, casi sin darse cuenta, porque al mismo tiempo le tocaba el viaje de egresada por haberse recibido de perito en técnicas bancarias Fue a San Martín de los Andes y para la ocasion se tiño de rubia, con claritos. Surtió efecto. Aunque las monjas les habían repetido como una letanía que no había que farrear, en la ciudad neuquina las chicas descubrieron que, además del paisaje, había otro atractivo: un regimiento de caballería. Araceli flechó a un teniente. Pero aunque Laura, su asistente, la azuze, es imposible arrancarle los detalles. Hay una pista: la sonrisa de Laura es definitivamente maliciosa.
A volver, se multiplicaban los desfiles y las giras. Ella tenía que lucir seductora, súper sexy, con minis minúsculas y jeans pegados a la piel, además de los escotes insinuantes. "Mi novio no se lo bancaba. Quería que dejara todo. Yo lo quería, pero también quería mi carrera. No quería que me pasara lo que le pasó a mamá". Decidió dejarlo. A Araceli le quedó un gusto amargo. Anduvo meses sin rumbo hasta que un amigo le propuso una salida para presentarle a alguien. El alguien era Rubén Torrente, sobrino de un matarife poderoso, un tipo con los bolsillos forrados, seis años mayor que ella y acostumbrado a merodear el mundo del jet set, aunque jamás abandonara su base en el barrio. Seguro y arrollador, Torrente la sedujo casi chasqueando los dedos. Ella tenía 19, el 25. Quedó embarazada, se lo dijo y él le ofreció casarse. Ella aceptó. "Si él no hubiera querido, yo igual lo tenía. Ya lo había decidido. Yo soy súper antiabortista". Se casaron en una capillita de Tapiales que para él era un símbolo. Pero la fiesta no fue austera: él, con jacquet rayado; ella, de blanco y con flores en el pelo. La fama de ella a él no le molestaba. Al contrario. La vivía casi como si fuese el Rolo Puente de "polémica en el bar", y no se perdía una fiesta. Ella declaraba que estaba perdidamente enamorada de él porque le gustaban los hombres "bien machos".
Eras distinta cuando estabas casada con él...
- Si, ¿no? Una señora...
- No me parece.
- Y cómo me veías?
- Con una forma de seducción más frontal, más erótica.
- ¿Erótica? Bueno, a él le gustaba un poco la mujer así, le gustaba que muestre. Pero no sé, ¿tan erótica?
- O sea que tu marido era todo lo contrario de ese novio adolescente que habías abandonado.
- Claro, nada que ver. Pero yo no era tan erótica.
- No exclusivamente erótica. Dije que usabas una fórmula de seducción mucho más frontal, más marcada. Se notaba hasta en el maquillaje.
- Bueno, porque a él le gustaba que estuviera mucho más maquillada. Pero... mirá que a mi siempre me identificaron con una sensualidad mucho más tranquila.
El idilio duró poco. El seguía haciendo su vida ("los amigos, la noche, el fútbol") y la dejaba sola hasta los domingos. ¿Qué la había seducido? ¿La virilidad y nada más? "Supongo que sí. Estaba equivocada. Fue todo muy rápido. Me casé por el embarazo y creo que no me casé muy segura. Ahora comparo con lo que siento por Adrián (Suar) y es completamente distinto". Pero, ¿hubo momentos perfectos con Torrente, al menos durante la luna de miel en Río? "Sí, pero quizá no. No sé cómo explicarlo. Era otra cosa. Ese momento lo vivía bien. Pero tenía otra imagen del hombre ideal, un pensamiento mucho más anticuado, como que la palabra de él tenía que valer más, como si yo hubiese estado rebajada, desvalorizada". No le interesa detenerse a reflexionar sí, después de romper con su novio para no tronchar su carrera, en realidad vivió una regresión y se unió a un hombre en definitiva mucho más dominante. Tampoco quiere hablar de la relación con la familia de él. ¿Acaso su suegra recelaba; de esa modelo que para una vecina insidiosa podía ser una mosquita muerta?
- ¿Eso también vas a preguntar? ¿Puedo no contestar?
-Por supuesto.
- Entonces no contesto. Vamos a arruinar el reportaje.
Hubo un sinfín de peleas y, según ella, él siempre prometía corregirse y no dejarla sola, pero reincidía. Hasta que ella no pudo más. Lo esperé una noche hasta muy tarde sentada en ese sillón (señala el sofá junto a la ventana). Le dije que no iba más. El no quería romper. ¿Sí quería salvar la pareja? No creo. Quería hacer la suya. ¿Si quería seguir exhibiéndome como un trofeo? Puede ser, puede ser. Yo sentía eso, sí. Pero no sé de dónde saqué fuerzas y lo obligué a que se fuera, con un abogado lo eché, porque no se quería ir. Pero al final se fue y se llevó casi todo. Menos el sillón y el colchón, se llevó todo. Y tuve que empezar de nuevo, sola.
Ya por entonces "La Banda del Golden Rocket" era un boom y su romance con Suar un secreto a voces, lo mismo que sus desavenencias con Diego Torres. Ella, que moría por Al Pacino y Miguel Angel Sola, ella, que cree que Gerardo Romano es un machista triste y Federico Luppi un hombre frío, se fue enamorando sin darse cuenta de Suar, casi su antídoto. Pero él, ¿cuando y cómo se le declaró? "Fue en el Pumper Nic de Martínez, después de una grabaron de "La Banda". Me dijo que necesitaba hablar conmigo. Me quedé y se largó. Yo no podía creer lo que estaba escuchando. En cuatro anos no me había pasado nunca. Como sabían que yo era casada, que era super-así, nadie se hubiese animado. Me sorprendió. ¿Cómo me lo dijo? Estaba supernervioso. Y yo me empecé a poner nerviosa también porque lo veía venir. Me sentía en falta. Tenía miedo. Me preguntaba qué estaba haciendo ahí. Negaba lo que sentía, ¿me entendés? ¿Si le dije que si en ese momento? No, le dije que me parecía apresurado, que yo era casada, con una hija, que cómo se animaba a decirme algo así. Pero se animó.Y eso me mató. Claro que esa tarde no se lo dije y entonces él se fue sin entender nada". En ese momento llega Suar al departamento de Ciudadela. Saluda con un distante "¿cómo va?" y sin esperar la respuesta se pierde por el pasillo.
La muchacha que inspiró con su corte de pelo el personaje de Floppy Bach, la superchica que enamoró a El Negro Blanco en la contratapa de "Clarín" pero nunca le hizo olvidar a Chispa, ahora está parada junto a la ventana.
El cronista se pone a pensar cuál es el secreto de la seducción de esa muchacha que parece frágil pero no, que parece ingenua pero no, y llega a la conclusión de que su fórmula es sencilla. Por contraposición a esas muñecas de cera modeladas con silicona y colágeno, ella es apenas una mujer de carne y hueso. Una mujer que aunque se niegue a admitir que seduce, lo hace a cada momento, en cada gesto. Una mujer que lucha por ser ella misma y cincelar su propio destino sin abandonar el mandato familiar de ser una madre ejemplar.
Una mujer posible, alguien con quien un hombre común puede soñar con envejecer juntos.